miércoles, 8 de diciembre de 2010

Dos por dos

Viví hasta los doce años, en una pequeña quinta en la cuarta cuadra del Jr. Emilio Althaus en Lince. Esta quinta tenía por única entrada un estrecho pero largo pasadizo, en la que los chicos nos poníamos a jugar a la pelota, al lingo, o al mundo. En esos días, las tardes pasaban rápidas y sin muchas novedades y contratiempos, salvo quizás, algunos viernes.

No recuerdo muy bien desde cuanto lo llamaban así, ni a quien se le ocurrió ponerle tan curioso nombre, pero le encajaba perfecto, aunque suene extraño, dar este adjetivo a un loco.

"Dos por dos", era el nombre con el que había bautizado los chicos mas grandes de la quinta a aquel loco. El pobre harapiento caminaba cargando una bolsa igual de negra que sus hilachas de ropa, caminaba rápido, como apurado. Siempre balbuceaba. Cuando lo veían venir, algunos chicos salían y comenzaban a llamarlo. "Dos por dos"..."dos por dos" le decían cuando se acercaba. Era entonces cuando aquellos ojos tristes de loco se tornaban audaces, y abría la boca para decirnos claramente "cuatro".